Tu último suspiro




Bird:

Te perdí, querido amigo. Creí que volverías a ser el de antes, pero me equivoqué. Esta noche te fuiste para siempre. Tu voz resuena como un eco en mi mente.
Recuerdo como si fuera hoy el día que nos presentaron. No tenía palabras -ni mucho menos confianza- para decirte cuánto brillo salía de tu alrededor al caminar. Pero de ahora en más ya no estás a mi lado para darme una inquietante mirada y una cálida sonrisa al ritmo de tu voz. Si cada vez que la locura atacaba mi psiquis, ahí estabas para llenarme de vida. ¿Qué será de mí ahora? Si cuando nos uníamos éramos una sola existencia, una sola melodía.
Ambos nacimos para la música. Recorrimos largos caminos y nuevas experiencias. Tengo grabado muy dentro la imagen de la primera vez que tocamos juntos. Era un local de mala muerte, el humo de tabaco y el olor a marihuana inundaban la escena. Pero cómo nos aplaudieron esa noche, qué feliz que estábamos. Las presentaciones siguieron, cada vez mejores. Una noche fui a dormir temprano y al otro día me levantaste muy tarde, casi ni te reconocí. Había algo extraño en ti. Pero me dijiste que no me preocupase, de modo que ensayamos como siempre.
Las horas de práctica eran cada vez más extensas y de madrugada. Gente nos rodeaba con caras no muy amistosas, bah… eso digo yo, tal vez para ti eran muy amigables. Cuando nos tomábamos un descanso escuchábamos una y otra vez a Miles. Pero claro, cómo no deleitarse con el mejor trompetista de la época, si su melodía hace emocionar hasta al más insensible.
Glenn Miller y Benny Goodman estaban volviéndose muy convencionalistas y a nosotros no nos gustaba para nada. Si hasta mostramos nuestro repudio al convencionalismo en los solos que hicimos por ejemplo en Dizzy Atmosphere o en Hot House.
Cómo nos divertimos cuando los creamos. Y ahora, tú ya no los puedes disfrutar, me has dejado amigo. Me has dejado solo.
Pero el sentimentalismo dejémoslo para Meandering de Miles. No quiero que mis lágrimas arruinen mi cuerpo ni surquen mi corazón, porque sería muy riesgoso. Si lo sabrás tú a eso ¿no?
Te hablo y no respondes. ¿Qué será de mí de ahora en más? ¡Qué difícil es todo esto!
Desde aquí recuerdo también a Dizzy, como aquella vez en Kansas, cuando lo conocimos. Ya pasaron como quince años. Qué encuentro extraño, si lo hay. Una habitación fue testigo; solamente allí comenzamos a cruzar ideas gemelas con él. Poníamos más énfasis en aplicar diferentes ritmos al mismo tiempo, éramos rápidos, frenéticos, como si quisiéramos romper con las reglas establecidas vaya a saber por quién. Luego de ese día vinieron los innumerables conciertos en el Minton´s allá en New York (que por cierto es una pena que lo hayan derribado).
Musicalmente cada día eras mejor. Las madrugadas se habían transformado en tus días, pero estabas mejor de semblante. Aunque presentía que algo no andaba bien dentro tuyo. Tus movimientos eran muy rápidos, cambiabas bruscamente de melodía y te ponías muy nervioso. Pero de igual modo no dejabas de sonreír y maldecir al maldito tiempo. Ese tiempo que se te escurría por entre los dedos cada vez que te fundías en tu melodía.
Noté que seguiste incurriendo en el mundo de los estupefacientes, comenzaste a tener pastillas en tus bolsillos para cualquier ocasión. Dizzy se alejó. Mientras nosotros éramos inigualables en pequeñas formaciones, él ofrecía lo mejor de sí frente a las grandes.
Sé que un día me olvidaste. Te entiendo, porque yo tampoco era el de antes y no por las drogas, sino por el sólo hecho de que a mi también me tocaba descansar. Te habías dado cuenta de mi estado, lo se. El ensayar once horas diarias no es fácil. Tú te mantienes de un modo que, para algunos que te han escuchado, es admirable; pero yo no creo que sea así. Han querido imitarte, argumentaron que en ese delirio discursivo que provoca la marihuana es cuando sale el mejor artista de todos los tiempos. Yo no lo creo así.
Mírate, mejor artista de todos los tiempos. Estás en una cama, tapado con una frazada. Yo en un rincón observándote detenidamente. Ya no brillas al caminar. Ya no me cuidas como antes. Hasta ayer sólo leías a Dylan Thomas, claro que si tu vista no se nublaba por culpa de la heroína. Estás sumergido en la oscuridad de tu habitación, una noche de invierno en la cual nadie se halla en las calles. Dime por qué. ¿Por qué no desear tu muerte, si tú solo te has condenado a ella? Te veo llorar y pedir perdón. Te veo hablando con tu hija. La misma que murió hace un año. No logro escuchar lo que dialogan. Desde este rincón es muy difícil oír. Comienzo a sentir dentro mío Now´s the Time, y observo cómo una lágrima roda por tu mejilla.
Sólo puedo decirte… gracias por darme vida y por haberme dado la oportunidad de compartir mi razón de ser contigo, el más recordado compositor de jazz de los tiempos: Charlie Parker. Adiós Bird.

Firma: tu instrumento de melodías.


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El escrito que hice fue un homenaje al saxofonista Charlie Parker (Kansas City, 29 de agosto de 1920 - Nueva York, 12 de marzo de 1955). Apodado Bird, creador del jazz bebop junto a Dizzy Gillespie y Miles Davis. Su estilo rompió con el swing y se basa en la improvisación sobre una melodía modificando los acordes, creando así nuevas melodías sobre la estructura de los temas. Tenía problemas con las drogas, motivo por el cual pasó por serios problemas de salud. En 1954, con la muerte de una hija, protagonizó dos intentos de suicidio. Finalmente, murió en marzo de 1955 alos 34 años como consecuencia de un colapso.

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Espero que les haya gustado este texto que hice hace unos años. Hoy hablando con una amiga me decía que suba estos textos así porque mi blog debe reflejar todo lo que soy y no sólo mi labor profesional. Me dio que pensar y tiene razón asique voy a empezar a subir algunas cositas que he escrito y voy escribiendo así, de ese modo, ven mi otro lado :) Muchas gracias por leerme.
1 comentario

1 comentario :

  1. Muy lindo texto, emocionante...sobre todo para los que nos gusta el jazz de Charlie. Que lindo poder imaginarse por un momento aquella epoca y trasladarse en el tiempo. Abrazo y gracias por compartirlo :)

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